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Mostrando las entradas etiquetadas como Escritos

Sobre la palabra "inconsútil"

  Hoy me tomo cinco minutos para sentarme a pensar en la palabra inconsútil . Un adjetivo de acentuación grave que llama mi atención desde la primera vez que le vi. Tiene en sí la palabra sutil , aunque con tilde; inicia con el prefijo in , que es una negación, y en medio está con , que indica compañía. La definición diccionaria es sin costuras ; es decir, algo inconsútil es algo que tiene una sola pieza. In-con-sutil. Sería como decir sin la compañía de costuras . Además me pregunté si tendría algún origen común con sutil . Algunas fuentes dejan en claro que no, que inconsútil viene de sutura , y no de sutil , pero no explican el origen ni de sutura ni de sutil . Sutil , según ciertas fuentes, proviene del latín subtilis , que era usado para indicar que algo era fino, delicado. A su vez, subtilis estaría conformada por el sufijo sub (por debajo), y tilis (tela), y antes de usarse como adjetivo habría sido un sustantivo concreto: es el nombre del hilo más fino de una prenda, ...

Refracción a favor del libre remodelaje del lenguaje heredado, desde Roland Barthes

Creo fervientemente (por añadirle dramatismo a la cuestión) en escribir masomeno en lugar de “más o menos”, y nomás (o nomá ) en lugar de “no más”. Y suponiendo que se necesita una razón, una justificación para creer en algo, agrego que lo hago porque las personas evangelizadoras de la ortografía me resultan tan molestosas como las evangelizadoras de Cristo, del veganismo, del ejercicio saludable, de la marihuana, de la vida inversora, de la vida viajera, del sueño americano, del progreso, etc. En toda evangelización, en todo simulacro de soy feliz así y quiero que vos también seas feliz así , hay una cuota de violencia que no estoy dispuesto a pagar, ni por el bien de una sola persona ni por el bien de toda la humanidad (que es algo que no existe como tal, y que si existe, se trata sólo de alguna agrupación desoxirribonucleica a la que poco le interesa la felicidad, o incluso seguir estando en el planeta o desaparecer por completo) (además, eso de lo que es bueno y lo que es malo…...

Dejá

  Nadie puede enseñarte a llenar tu carne de abrazos que se deshacen como nubes azotadas por las corrientes estivales.   Nadie puede enseñarte a llenar tus días con silencios, pasajes a cientos de recuerdos y pensamientos que eligen hacia dónde soplar las velas de tu mente.   Nadie puede enseñarte a pronunciar la última palabra y a hacerla danzar bellamente con la última mirada que le entregarás antes de que la atmósfera y la tierra la engullan a la distancia.   Nadie puede enseñarte a necesitar sostener su mano para sentir qué alto te mantiene amarrado a un mundo en el que entre todos nos comemos.   Nadie puede enseñarte que no vale la pena ocultar todo lo que palpita bajo la piel, uno lo aprende solo, recién cuando el hedor empieza a fastidiar por las noches. Dejá que el Sol mime a eso que guardás, y verás cómo crece.

Fiesta

  Él observaba; todos los demás bailaban y hacían ruido a unos pocos metros. Ella se mantenía junto a él, y de vez en cuando apoyaba en sus labios el borde de su vaso, ya casi vacío. Saboreaba los últimos sorbos.   ―¿De qué están escapando? ―preguntó repentinamente él, casi con asco en su rostro, mientras sus pupilas atravesaban la pista de baile. Su codo se mantenía muy cercano al de ella, que lo miró de reojo antes de responder, preguntando:   ―¿Por qué tienen que estar escapando de algo?   ―Para eso es la fiesta, para eso es el alcohol, para eso es el ruido. Quieren ignorar algo, están escapando de algo.   Ella sonrió, le causaba gracia el empeño que ponía en despreciar la fiesta. ¿Por qué la odiaba? Quizá nunca había podido divertirse de esa manera tan simple, quizá nunca había podido escapar de lo que suponía que los demás estaban escapando.   ―Quizá tengas razón. Están escapando del aburrimiento, y la tristeza. ¿Eso es malo?   Por un...

El momento de decir 'adiós'

  Cuando llega el momento de decir ‘adiós’, los años que encendieron la Luna y el Sol se licuan en lo profundo y salen a flote en los ojos, donde danzan para celebrar y devolver la belleza que han recibido.   Cuando llega el momento de decir ‘adiós’, el verano se hace invierno y el invierno se hace verano, porque la Tierra sigue girando incluso cuando todo está en silencio y quietud.   Cuando llega el momento de decir ‘adiós’, nos convertimos en un piano callado en medio de la sala que el público ya ha abandonado, mientras el último reflector recalentado dibuja las pelusas del aire y la sombra debajo de nosotros. Las teclas no se mueven, pero las cuerdas aún vibran en el interior, murmurando algo indecible. Se apaga la luz hasta la próxima función.   Cuando llega el momento de decir ‘adiós’, cabe en nuestros pulmones todo el viento que sopló, y no hay suspiro que deshinche los recuerdos o la nostalgia.   Cuando llega el momento de decir ‘adiós’, un abra...

¿Qué...?

¿Qué queda del Sol si ignoramos su luz? ¿Qué queda de la luz si ignoramos nuestros ojos? ¿Qué queda de nosotros si nos quitamos el pensamiento? ¿Qué queda del pensamiento si nos quitamos a nosotros? ¿Qué queda de un beso si lo desnutrimos de amor? ¿Qué queda del amor si lo desnutrimos de acción? ¿Qué queda del viento si no juega con las hojas? ¿Qué queda de las hojas si no juegan con el Sol? ¿Qué son los sueños si no los interrumpe la realidad? ¿Qué es la realidad si no la interrumpen los locos? ¿A quién servirá el tiempo si se olvida el calendario? ¿A quién servirá el calendario si se olvida el espacio? ¿Qué será lo verde si mueren las plantas? ¿Qué serán las plantas si muere lo gris? ¿Qué será del peligro si se cansa el miedo? ¿Qué será del miedo si se cansa la sangre? ¿Dónde irá la libertad si se rompen las cadenas, si cada vez que se va, deja la jaula abierta, para, al caer la noche, tener dónde dormir?

Soy

  Soy el lugar en el que estoy, y los lugares en los que estuve. Soy las personas que me abrazaron, y también las que no quise abrazar. Soy lo que veo parado desde aquí, y también soy todo eso que tengo miedo de ser. Soy los golpes que he recibido y las cicatrices que dejé en los demás. Soy lo que he sido y también lo que quisiera ser. Soy las proteínas que como, las que dejo en el plato, y las que decidí no servirme. Soy esas cosas que no me interesan, y también todos esos recuerdos que ya no sé cuánto tienen de verdad y cuánto tienen de mala memoria. Soy la luz que se escabulle por mis pupilas, el aire que renueva mi sangre, y también soy todo lo que elijo no ser. Soy lo que olvidé, y todas esas cosas que ofrecí para obtener otras. Soy las decisiones que no me atreví a tomar y también todas esas órdenes que obedecí. Soy todo lo que no pienso y todo lo que conozco. Soy mis ganas de tomar té rojo por las mañanas y la energía que gasto durante el día. Soy la casualidad de mis padr...

Evanescencia

  Se conocieron en el verde del pasto, en medio de recuerdos que la noche inventó. Sus ojos dudosos jamás se llenaron de tantas  certezas, y se acercaron a paso rápido para envolverse en los brazos del otro. La piel jamás había sido tan útil como a la hora de convivir con aquella calidez. Sus pies se levantaron y dieron vueltas en el aire, sin despegarse jamás de sus brazos, de su cintura, de su pecho. La risa de ambos hacía vibrar la atmósfera y la llenaba de belleza simple que cuesta comprender. En la cercanía de sus ojos todo parecía difuminarse. Su sonrisa a centímetros resplandecía como envuelta en calor o como atrapada por sueños prontos a desaparecer. Qué maravillosos sus cabellos, qué maravillosos sus dedos jugando en el castaño a perderse y a encontrarse, y qué sublime el andar de los haces solares por su piel, saltando delicadamente desde sus bellos casi siempre imperceptibles. Qué misteriosas las líneas de su rostro, capaces de atraer memorias jamás vividas, y de...

Miedo a la Libertad

  La libertad no es un derecho, es una habilidad. La mayor parte de las personas no tenemos ni una idea aproximada acerca de cómo ser libres; de hecho, me atrevería a decir que hasta tenemos miedo de serlo. Sí, la libertad es uno de los mayores miedos de la humanidad, porque significa cargarse de responsabilidad: cuando sos libre, todo tu peso (y hasta el del mundo que te rodea) cae macizamente sobre tu espalda, y la conciencia humana (en una importante cantidad de casos) es bastante débil a la hora de tener que soportar el peso de las culpas y las equivocaciones. Ser libre significa que tu conciencia tendrá que cargar con todo lo que has hecho, bueno y malo, y cuando hay muchas cosas malas, a los humanos nos gusta más echárselas a las conciencias de los demás. Siempre es culpa de mis padres, o culpa del vecino, o culpa del presidente, o culpa del intendente, o culpa de las multinacionales, o culpa de Estados Unidos. Ese miedo a ser libres, a tomar nuestras propias decisiones y te...

River Vs Boca; Deporte Vs Negocio; Humanos Vs Humanos

  Me dan ganas de llorar. Quizá sea porque es lo único que se puede hacer desde el lugar en el que estoy, desde la silla en que está cada ser humano, solo, aislado, sintiendo lo mismo que yo.   No estamos en una ciudad, o en un país, o en un medio deportivo en el cual unos pocos neuróticos lo manejan todo, estamos en un mundo que funciona así, y lo más triste es que esos neuróticos son nuestros hermanos, nuestros compañeros de especie y de vida, con el mismo cerebro y la misma sangre.   Dinero, dinero, dinero. El alma de todos esos neuróticos, su sangre, sus sueños, su vida misma. No hay nada más ante sus ojos ni alguna otra cosa que busquen sus manos. Dinero. El dinero es como sus padres y sus hijos a la vez, como sus abuelos y sus nietos, como sus amigos y sus parejas, y harán todo lo posible por mantenerlo cerca de ellos.   Un tipo, dos, tres o cuatro, rodeados por más de cuarenta cámaras, más de cuarenta mil personas, más de doscientos ‘efectivos’ de segur...

Escapar de las Ilusiones

  Era de noche. La luz que se dispersaba por el lugar era lo suficientemente tenue como para decir que estaba oscuro. Caminábamos por un largo pasillo, atravesando portal tras portal, esperando llegar a aquel sitio.   ―A ver ―me dijo ella, que caminaba muy cerca de mí, y de pronto pude sentir un delicado roce que se deslizó por los espacios de entre mis dedos. Eran los suyos, que acariciaban mi piel casi sin querer, y se aferraban a mi mano, apretándola sin ninguna clase de violencia o brusquedad.   Sentía con suavidad, calidez y claridad cada uno de sus dedos entre los míos; su pulgar sosteniendo el dorso de mi mano y las yemas de sus otros dedos besando mis palmas. Las manos de ambos se habían vuelto una a la altura de sus caderas.   Me encantaba esa sensación, la irreal beldad por la que estaba rociado el momento, pero pronto miré hacia abajo con tristeza, sabiendo que aquella palabra, “irreal”, no había llegado de casualidad a mi mente. Entonces vi cómo se...

Todo es circular

  Todo es circular. Una vez que llegás a un extremo, estás a menos de un paso de regresar a donde estabas antes. Me he dado cuenta de que la obsesión por la libertad, como cualquier otra obsesión, en realidad nos aleja de la felicidad o el bienestar que buscamos al luchar por eso que tanto deseamos, que obsesivamente anhelamos. Me es imposible no recordar la “hiperintensión” de Viktor Frankl al hablar de esto. Uno lucha contra “el sistema”, contra las normas establecidas que nos “amarran” a todos, y muchas veces busca la libertad por el camino contrario a todas esas normas, pero, ¿por qué siempre ir hacia la dirección opuesta a la que indica el letrero? Si la moda te impone el azul, y vos usás el rojo, ¿no estás haciendo lo mismo que los que se ponen el azul, pero a la inversa? Desde hace años que lo pienso: el problema no está en los sistemas políticos, sociales, educativos o económicos, sino en las corrompidas o fácilmente corruptibles personas que los ejecutan, que los ejecutamo...

La Luna es blanca

  Ella iba por el mundo diciendo “la Luna es blanca”. Estaba en completo silencio, y no sólo ella, todos en una sala, y repentinamente, lo decía: “la Luna es blanca”. Parecía hacerlo sólo porque sí, como si tuviera una especie de miedo al silencio, o quizá porque impulsos nerviosos erróneos la obligaban, como sufriendo un síndrome de Tourette. A veces, lo decía cuando iba caminando por la calle, sin importar a dónde iba, o cómo estaba vestida, o si estaba llegando tarde o no; detenía a alguien, sorprendiéndolo, lo miraba a sus pupilas, y le decía: “la Luna es blanca”.   Una tarde estaba lloviendo. Había quedado atrapada en la pequeña galería que llevaba al recibidor del edificio de su facultad. Veía las gotas caer frente a sus ojos, pero no estaba segura de qué estaba mirando. Sin que lo notase, un joven de cabellos rizados y claros se paró a meros dos metros de ella, y se tomó su tiempo para abrir su paraguas; incluso le dedicó una mirada rápida. Con el objeto sobre sí...

La Ley Fundamental

  Me acabo de dar cuenta. Con frecuencia creía que el amor era algo normal, algo que recorría el Cosmos y la Tierra como un átomo de hidrógeno o un electrón cargado, que lo hacía funcionar todo, que era lo que respiraban desde los astros hasta las células, pero ahora me doy cuenta de que si existe algo sobrenatural, o antinatural, algo que no es propio del Universo, de la naturaleza, y por lo tanto tampoco del ser humano, es el amor.   Es que, ¿en qué cabeza cabe una idea como el amor, en medio de un universo en el que nada nuevo puede aparecer y nada viejo puede desaparecer, en el que no existe una acción sin una reacción, en el que las partículas dejan un cuerpo sólo para ir a otro? El mundo es un “ojo por ojo, diente por diente”, desde las órbitas planetarias hasta cualquier acuerdo económico cotidiano, desde la cadena alimenticia hasta una relación de pareja entre adolescentes. No es venganza, no es justicia, no es malo, no es bueno, es Intercambio, o como lo llamarían en...

La Chica de la Oficina

Esa tarde partí velozmente en mi bicicleta, porque debido a una cuestión de horarios y reordenamientos especiales, salí media hora antes, a las diecisiete y media. Eso significaba que si me apresuraba podía escapar a la hora pico de regreso a casa, y evitar todos los embotellamientos en los que incluso conductores de pequeños vehículos de dos ruedas quedan trabados. Pero no importó mi esfuerzo, igualmente debí regresar los siete kilómetros que había hecho hasta mi casa: en el apuro de la emoción, olvidé las llaves en mi escritorio. Ganas de sencillamente romper una ventana y entrar no me faltaron, pero era una locura que mi cordura jamás me permitiría hacer, así que regresé. Qué suerte que regresé. Cuando llegué de nuevo a las oficinas, eran cerca de las diecinueve y media. Abrí la puerta y quedé paralizado, de repente una sensación cálida se apoderó de mi pecho y mi cabeza. Vuelvo a decirlo: qué suerte que regresé, qué suerte que me olvidé las llaves. La causa de tan paralizante ...