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Mostrando las entradas etiquetadas como belleza

Los caminos de la libertad. Jean Paul Sartre. Frases y comentarios al margen.

Los caminos de la libertad. 1 La edad de la razón Jean-Paul Sartre Traducción: Manuel R. Cardoso Buenos Aires: La Página, 2005 Obra original: 1945 … las palabras no le duraban mucho más de una estación … [13] … a todo le falta sombra. [13] ―Conocerme no me interesa tanto ―dijo sencillamente. ―Lo sé ―dijo Marcela―, pero eso no es un objetivo, es un medio. Es para liberarte de ti mismo, mirarte, juzgarte; ésa es tu actitud preferida. Cuando te miras, te figuras que no eres tú lo que miras, que tú no eres nada. En el fondo, tu ideal es ése: no ser nada. ―No ser nada ―repitió lentamente Mateo―. No. No es eso. Escucha: yo… yo querría apoyarme sólo en mí mismo. ―Sí. Ser libre. Totalmente libre. Ese es tu vicio. ―Eso no es un vicio ―dijo Mateo―. Es… ¿Qué otra cosa quieres que haga? [14] Ivich no pensaba jamás en los ausentes. [20] … al destruir esta vida, lo mismo que al crearla, no habré sabido lo que hacía. [21] [Á: Lo inimaginable de las consecuencias, del entrelazamiento de sucesos] … es ...

CITA#7 - Huir, por Marçal

Huir, como si quemara la sombra, huir, como el viento, como el agua, como la piedra, huir del mar, huir de la sal, huir de la arena, huir de la vida como si la vida en ello nos fuera; de los brazos de la matrona, de los del sepulturero; Huir de domingos con prisa, de madrugones graníticos, de siestas calcáreas, de sueños de arenizca, de poemas en servilletas, del dogma sin crítica y de la crítica con caretas, de la academia sin sangre y de la sangre sin sapiencia; Huir de quien canta un salmo igual que un gol, de quien canta un gol igual que un parto, de quien imboca guerra con paz en la boca, del disidente a deshora, de quien por ti mataría y de quien sin ti se mata, de la lucha sin sentido y del sentido en simulacro; Huir de quien no ama belleza, de quien no consume belleza, de quien no devora belleza, de quien no es un adicto empedernido a la belleza y la busca hasta en los recovecos más repugnantes del mundo, porque sólo nos salvará belleza; Huir de ...

¿Qué...?

¿Qué queda del Sol si ignoramos su luz? ¿Qué queda de la luz si ignoramos nuestros ojos? ¿Qué queda de nosotros si nos quitamos el pensamiento? ¿Qué queda del pensamiento si nos quitamos a nosotros? ¿Qué queda de un beso si lo desnutrimos de amor? ¿Qué queda del amor si lo desnutrimos de acción? ¿Qué queda del viento si no juega con las hojas? ¿Qué queda de las hojas si no juegan con el Sol? ¿Qué son los sueños si no los interrumpe la realidad? ¿Qué es la realidad si no la interrumpen los locos? ¿A quién servirá el tiempo si se olvida el calendario? ¿A quién servirá el calendario si se olvida el espacio? ¿Qué será lo verde si mueren las plantas? ¿Qué serán las plantas si muere lo gris? ¿Qué será del peligro si se cansa el miedo? ¿Qué será del miedo si se cansa la sangre? ¿Dónde irá la libertad si se rompen las cadenas, si cada vez que se va, deja la jaula abierta, para, al caer la noche, tener dónde dormir?

Escapar de las Ilusiones

  Era de noche. La luz que se dispersaba por el lugar era lo suficientemente tenue como para decir que estaba oscuro. Caminábamos por un largo pasillo, atravesando portal tras portal, esperando llegar a aquel sitio.   ―A ver ―me dijo ella, que caminaba muy cerca de mí, y de pronto pude sentir un delicado roce que se deslizó por los espacios de entre mis dedos. Eran los suyos, que acariciaban mi piel casi sin querer, y se aferraban a mi mano, apretándola sin ninguna clase de violencia o brusquedad.   Sentía con suavidad, calidez y claridad cada uno de sus dedos entre los míos; su pulgar sosteniendo el dorso de mi mano y las yemas de sus otros dedos besando mis palmas. Las manos de ambos se habían vuelto una a la altura de sus caderas.   Me encantaba esa sensación, la irreal beldad por la que estaba rociado el momento, pero pronto miré hacia abajo con tristeza, sabiendo que aquella palabra, “irreal”, no había llegado de casualidad a mi mente. Entonces vi cómo se...

La Ley Fundamental

  Me acabo de dar cuenta. Con frecuencia creía que el amor era algo normal, algo que recorría el Cosmos y la Tierra como un átomo de hidrógeno o un electrón cargado, que lo hacía funcionar todo, que era lo que respiraban desde los astros hasta las células, pero ahora me doy cuenta de que si existe algo sobrenatural, o antinatural, algo que no es propio del Universo, de la naturaleza, y por lo tanto tampoco del ser humano, es el amor.   Es que, ¿en qué cabeza cabe una idea como el amor, en medio de un universo en el que nada nuevo puede aparecer y nada viejo puede desaparecer, en el que no existe una acción sin una reacción, en el que las partículas dejan un cuerpo sólo para ir a otro? El mundo es un “ojo por ojo, diente por diente”, desde las órbitas planetarias hasta cualquier acuerdo económico cotidiano, desde la cadena alimenticia hasta una relación de pareja entre adolescentes. No es venganza, no es justicia, no es malo, no es bueno, es Intercambio, o como lo llamarían en...

Cúmulos de Febrero

  Eran las montañas de vapor más hermosas y salvajes que nunca vio en su vida. Era como si alguien hubiera diluido al mismo verano y lo hubiese propulsado al cielo. La luz parecía ser emanada directamente desde sus núcleos de condensación, y no caer desde el Sol y rebotar. Él debía hacer un esfuerzo para mantener sus pupilas dilatadas mientras las contemplaba, y arrugaba la piel alrededor de sus ojos para lograrlo. Se movían lentamente entre estelas difuminadas de ellas mismas, que las atravesaban discretamente con su turquesa central y su resplandor translúcido en los bordes. Detrás de ellas, el celeste limpio, el celeste puro de la atmósfera que se libra de sus imperfecciones dejándolas caer junto a la lluvia, como un gato que se lame a sí mismo. Él las miraba maravillado, y no se sentía diminuto a cientos de kilómetros de ellas, al contrario, casi no se sentía, y si lo hacía, era afortunado, por poseerlas en aquel horizonte inalcanzable. ¿Cuánta belleza, cuánta luz había en ella...

Piel de Cigarras

  Me gustan las cigarras. Son una parte muy importante el verano, lo musicalizan de manera maravillosa. Este verano llegaron temprano y ya casi se han ido, temprano también. Varias veces intenté fotografiar cigarras en serio (no sólo su piel), y nunca lo logré. Estas fotografías las tomé en diciembre del año pasado (2014).

Te Soñé

  Ayer te soñé. Estaba solo en medio de la ciudad, y tú eras una pequeña luz que flotaba a la altura de mis rodillas, o tal vez sólo un poco más arriba de mis tobillos. Te miraba agachando la cabeza. Pequeña, pero tu resplandor alcanzaba a derramar algo de claridad en mis piernas. Sonreí, y muy lentamente, con miedo a que algún movimiento brusco pudiera espantarte, me agaché y me arrodillé. Continuabas flotando, balanceándote casi imperceptiblemente de arriba a abajo, y de abajo a arriba. Con la misma lentitud que antes, levanté mis manos e intenté atraparte. Vi mis palmas cada vez más iluminadas; sus líneas arrugadas desaparecían con el brillo. Cuando debieron al fin tocarte, no lo hicieron. Te encerré como a una luciérnaga, como a una mariposa de vuelo brillante, y por un momento tu luz desapareció entre mis dedos. Al ponerme de pie, me di cuenta de que en realidad no te había atrapado. No podía hacerlo. Yo me levanté, mis manos se levantaron, pero tú atravesaste mi piel, mi carn...

Máquinas de no-tiempo

  Antes veía a las cámaras fotográficas como pequeñas máquinas del tiempo, capaces de hacernos viajar al pasado de una manera tan eficaz como la de cualquier máquina de ciencia ficción (aunque ciertamente no de una forma tan dramática), más allá de que no podamos cambiar lo que sucedió (que nuestros recuerdos se alteren por falta de atención o interés, no es un verdadero cambio en los hechos… ¿o sí?). Sin embargo, hoy, observando una fotografía en la que mis hermanos y yo somos sólo unos niños que aún no han podido ni terminar la escuela, cambié de parecer, y me di cuenta de que en realidad se trata de máquinas de no-tiempo; todo lo contrario. El mundo encerrado en las fotografías es un mundo al cual se le ha eliminado el tiempo, y por lo tanto, no se puede acceder ni salir de él, no se puede cambiarlo, nada puede transformarse o moverse. Así es como sería también nuestro mundo sin esa cuarta dimensión temporal cuya existencia algunos nos negamos a aceptar; lleno de espacio, lleno ...