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Mostrando las entradas etiquetadas como alma

La insoportable levedad del ser, por Milan Kundera. Extractos y anotaciones al margen.

Milan Kundera. La Insoportable Levedad del Ser. 2015 (Original: 1984). Traducción: Fernando Valenzuela. Tusquets Editores, Buenos Aires. ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo? [p13] Dormir juntos era, en realidad, el corpus delicti del amor. [p19] Teresa gritaba: “¡Si yo no estoy muerta! ¡Si lo siento todo!”. “Nosotras también lo sentimos todo”, reían los cadáveres. [p25] Todos los idiomas derivados del latín forman la palabra “compasión” con el prefijo “com” y la palabra passio, que significaba originalmente “padecimiento”. Esta palabra se traduce a otros idiomas, por ejemplo al checo, al polaco, al alemán, al sueco, mediante un sustantivo compuesto de un prefijo del mismo significado, seguido de la palabra “sentimiento”; en checo: sou-cit; en polaco: wspól-czucie; en alemán: Mit-gefühl; en sueco: med-känsla. En los idiomas derivados de...

Evanescencia

  Se conocieron en el verde del pasto, en medio de recuerdos que la noche inventó. Sus ojos dudosos jamás se llenaron de tantas  certezas, y se acercaron a paso rápido para envolverse en los brazos del otro. La piel jamás había sido tan útil como a la hora de convivir con aquella calidez. Sus pies se levantaron y dieron vueltas en el aire, sin despegarse jamás de sus brazos, de su cintura, de su pecho. La risa de ambos hacía vibrar la atmósfera y la llenaba de belleza simple que cuesta comprender. En la cercanía de sus ojos todo parecía difuminarse. Su sonrisa a centímetros resplandecía como envuelta en calor o como atrapada por sueños prontos a desaparecer. Qué maravillosos sus cabellos, qué maravillosos sus dedos jugando en el castaño a perderse y a encontrarse, y qué sublime el andar de los haces solares por su piel, saltando delicadamente desde sus bellos casi siempre imperceptibles. Qué misteriosas las líneas de su rostro, capaces de atraer memorias jamás vividas, y de...

La Ley Fundamental

  Me acabo de dar cuenta. Con frecuencia creía que el amor era algo normal, algo que recorría el Cosmos y la Tierra como un átomo de hidrógeno o un electrón cargado, que lo hacía funcionar todo, que era lo que respiraban desde los astros hasta las células, pero ahora me doy cuenta de que si existe algo sobrenatural, o antinatural, algo que no es propio del Universo, de la naturaleza, y por lo tanto tampoco del ser humano, es el amor.   Es que, ¿en qué cabeza cabe una idea como el amor, en medio de un universo en el que nada nuevo puede aparecer y nada viejo puede desaparecer, en el que no existe una acción sin una reacción, en el que las partículas dejan un cuerpo sólo para ir a otro? El mundo es un “ojo por ojo, diente por diente”, desde las órbitas planetarias hasta cualquier acuerdo económico cotidiano, desde la cadena alimenticia hasta una relación de pareja entre adolescentes. No es venganza, no es justicia, no es malo, no es bueno, es Intercambio, o como lo llamarían en...

Te Soñé

  Ayer te soñé. Estaba solo en medio de la ciudad, y tú eras una pequeña luz que flotaba a la altura de mis rodillas, o tal vez sólo un poco más arriba de mis tobillos. Te miraba agachando la cabeza. Pequeña, pero tu resplandor alcanzaba a derramar algo de claridad en mis piernas. Sonreí, y muy lentamente, con miedo a que algún movimiento brusco pudiera espantarte, me agaché y me arrodillé. Continuabas flotando, balanceándote casi imperceptiblemente de arriba a abajo, y de abajo a arriba. Con la misma lentitud que antes, levanté mis manos e intenté atraparte. Vi mis palmas cada vez más iluminadas; sus líneas arrugadas desaparecían con el brillo. Cuando debieron al fin tocarte, no lo hicieron. Te encerré como a una luciérnaga, como a una mariposa de vuelo brillante, y por un momento tu luz desapareció entre mis dedos. Al ponerme de pie, me di cuenta de que en realidad no te había atrapado. No podía hacerlo. Yo me levanté, mis manos se levantaron, pero tú atravesaste mi piel, mi carn...