Antes veía a las cámaras fotográficas como pequeñas máquinas del tiempo, capaces de hacernos viajar al pasado de una manera tan eficaz como la de cualquier máquina de ciencia ficción (aunque ciertamente no de una forma tan dramática), más allá de que no podamos cambiar lo que sucedió (que nuestros recuerdos se alteren por falta de atención o interés, no es un verdadero cambio en los hechos… ¿o sí?). Sin embargo, hoy, observando una fotografía en la que mis hermanos y yo somos sólo unos niños que aún no han podido ni terminar la escuela, cambié de parecer, y me di cuenta de que en realidad se trata de máquinas de no-tiempo; todo lo contrario. El mundo encerrado en las fotografías es un mundo al cual se le ha eliminado el tiempo, y por lo tanto, no se puede acceder ni salir de él, no se puede cambiarlo, nada puede transformarse o moverse. Así es como sería también nuestro mundo sin esa cuarta dimensión temporal cuya existencia algunos nos negamos a aceptar; lleno de espacio, lleno ...
Desde el verano de 1996